El cerebro guarda muy bien su modus operandi, habiendo pasado años desde la noción del ser humano sobre la posesión de este órgano y sus tan necesarias funciones, aún poco o nada puede conocerse de los procesos que oculta en sí usados para permitirnos ejercer toda nuestra funcionalidad vital.
Sin embargo, es posible dilucidar su funcionamiento mediante el reflejo de las creaciones más matemáticas y lógicas del ser humano: Sin llegar al extremo de la ingeniería o la física cuántica ni nada fuera de lo medianamente comprensible por un ser humano promedio, podemos aterrizar esta teoría quizás apresurada y rústica, en la programación informática.
Volvamos a esa frase de Nietzsche:
“Dios hizo a los hombres a su imagen y semejanza, y los hombres hicieron a Dios a su imagen y semejanza”
El cerebro (y todo nuestro cuerpo) reflejan en nuestros actos lo posible y lo imposible, aquello de lo que somos capaces y aquello en lo que somos LIMITADOS. Es por eso a modo de ejemplo, que el ser humano no puede volar naturalmente dado que carece de miembros adaptados, con sólo ver un ser humano se entiende que no puede volar, pero al ver que tiene piernas (y no ha sido alterada su capacidad motriz por ninguna falencia neuronal) deducimos que puede desplazarse sobre ellas, caminando naturalmente.
Al ver una persona con dificultades motrices, o de habla, o similares más de una vez atribuimos el problema a una causa neuronal, y no estamos equivocados seguramente. Esto es comparable a la falta de una línea de código, o un error de sintáxis o comunicación de una línea con otra, o un fragmento con otro. La falta, falla o corrupción de un fragmento de materia gris conlleva a retratarse en la ausencia de una habilidad natural o en una LIMITACION. Cada persona tiene límites cerebrales distintos lo que no significa que uno sea más o menos sano que otro, pero sí, más o menos HABIL, o más o menos LIMITADO.
Retomando el tema principal, cómo deducir los mecanismos de funcionamiento del cerebro (Y siempre, como tema conllevado, sus límites), recaemos en los lenguajes de programación y además, haremos hincapié en los sistemas de aprendizaje de los cortafuegos (Sin ánimo de propaganda hacia ninguna de las marcas posteriormente citadas).
Los lenguajes de programación tienen su orientación (A Contabilidad, a Objetos, Bases de Datos, etc) dependiendo de cada uno, al igual que nuestras células neuronales se encargan cada una de un proceso determinado (Recordemos que toda célula se especializa). Cada lenguaje tiene a su vez sus limitaciones, independientemente de su orientación (Es obvio que un lenguaje orientado a Bases de Datos como SQL o MySQL será inútil o al menos dificultoso para cumplir tareas de C++ o viceversa), imaginemos entonces que nuestro cerebro contiene en sí miles de neuronas entre las cuales se reparten tareas y lenguajes de programación tendientes a responder necesidades sobre dichas tareas.
Cada una refleja sus capacidades con luces y sombras, con capacidades y límites. Las creaciones del hombre demuestran sobre todo en éste ámbito sus limitaciones y los procesos capaces de desencadenar para crear desde objetos hasta bancos de datos regidos por un lenguaje programador/ensamblador/compilador que hace las veces de cerebro… recordemos que todos los seres “creativos” no están creando sino reflejando apenas una parte de lo que dicta su cerebro, plasmando desde lo artístico por ejemplo un pensamiento o una conducta psicológica y es por tal que quienes toquen esos puntos tan álgidos, tan matemáticos, tan logarítmicos, no están sino reflejando una capacidad oculta del cerebro, un mecanismo capaz de dar vida a miles de creaciones autómatas en su mayoría y creadas a imagen y semejanza del ser humano.
Insisto en que todo aquello que cree un programador usando cualquier lenguaje, ya sea los verborrágicos como Cobol, SQL o los más abstractos como C, está explotando su cerebro para crear otro o bien, está reflejando el funcionamiento del suyo para que un aplicativo ya predestinado funcione de esa manera. ¿Cómo podemos enseñarle a pensar a un aplicativo si sólo sabemos pensar como humanos? ¿Cómo trasladamos nuestro lenguaje para enseñarle, instruirlo, capacitarlo? ¿Cómo nos han enseñado a nosotros? Así, esa transmisión hombre-hombre se transforma en una transmisión hombre-máquina.
Hemos enseñado a una máquina a pensar, a actuar, la hemos criado cerebralmente…
Fijemos la atención sino, en otro caso de obviedad destacada: Los cortafuegos. (Para quienes no entiendan, un firewall o cortafuego es una aplicación que bloquea intrusos o programas dañinos de la pc, evitando que se conecten a internet o a nuestra pc directamente.) A menudo como informático avanzado me he topado con muchas marcas que me decepcionaban ya que bloqueaban programas que en realidad me eran útiles o bien, permitían el paso de cualquiera a libre albedrío o lo que es aún peor… consultaban una lista o base de datos en la página de su creador para saber qué programa era bueno o malo y si no estaba listado, directamente lo bloqueaba (Causándome más de un dolor de cabeza).
Me llamó la atención al descubrir marcas pagas, que cada firewall tenía su modo de aprendizaje o sea, preguntaba al usuario qué acción quería tomar y guardaba un suceso sobre el cual calculaba la conducta del mismo durante esa sesión y de allí partía un proceso de aprendizaje extraordinario. Controlaba mi conducta y me servía en base a ella, preguntaba poco y actuaba en cantidad y eficiencia, sabía que si despreciaba varias conexiones de un sitio, dos o tres, bloqueaba primero por criterio de conexión, luego por dominio. Era realmente inteligente, su nombre era Outpost Firewall y lo probé entre sus versiones 4 y 6. Sus criterios eran buenos, pero mi sorpresa se agigantó al momento de conocer Sygate Personal Firewall, éste parecía tener un modo de ensayo-error, en su modo aprendizaje preguntaba mucho menos que el anterior (No por eso, digo que uno sea mejor que otro, por el contrario, ya no utilizo ninguno de los dos), al preguntar poco sospeché que se estuviese comandando solo y comencé a indagarle descubriendo que permitía conexiones de todo tipo pero analizaba sus acciones, y ante la menor sospecha lanzaba una alerta de ataque intruso silenciosa (Que podía notarla en el systray, al lado del reloj de Windows), al repetirse este proceso automáticamente bloqueaba la conexión permanentemente creando una regla para lo sucedido, y un suceso en el registro. Quedé helado, su IA (Inteligencia Artificial) era altísima y más que altísima, HUMANA, me recordó aquellas clases de psicología en el secundario donde uno de los conceptos básicos del aprendizaje es el dolor: Si un bebé está jugando y se acerca a la estufa demasiado, se quemará y posiblemente no vuelva a hacerlo e incluso desarrolle miedo y rechazo (En los firewalls, el llamado modo paranoico o de Bloqueo Total, donde para evitar amenazas evita las conexiones, así como un bebé rechazaría volver a acercarse). De ahí entendí que estamos creando las cosas funcionales basadas en nuestra propia mente.
¿O no es acaso un ejemplo muy obvio la robótica, donde cada parte de una maquinaria automotriz o informática o cualquiera sea su índole, siempre termina siendo una mano mecánica, o un brazo mecánico con un par de pinzas a modo de dedos, sospechosamente similares a la anatomía de quiénes las crean, los hombres? Así como para eventos físicos en robótica nos inspiramos (Mayormente, más, no siempre) en nuestra anatomía, sugiero que en la programación e incluso en el aprendizaje de ciertos cortafuegos, el sistema empleado está basado (Seguramente de forma involuntaria o ignorada) en nuestro propio modus operandi cerebral.
Mauro F. Cáseres. Escrito durante el primer año de la Carrera de Medicina.
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